Irene Rodriguez

Irene Rodriguez en Celebracion CristianaUn Milagro Llamado “Salomé”.

“Oh Jehová, te clamo a ti como madre. Mira que siento su dolor y conozco su angustia. ¡Rescátala!” Así suplicó la pastora Marta a nuestro Dios la primera vez que nos conocimos por teléfono cuando oraba por mi familia y mi beba de un mes que yacía en la unidad de intensivo pediátrico del hospital de UNC en Chapel Hill. Mi preciosa bebita llegó a la sala de emergencia con fiebre de 103˙F y cuando la transfirieron a la unidad de intensivo sus pulmones estaban a ley de minutos, según la terapista respiratorio que estuvo presente para entubarla al ventilador, de colapsar y de mi niña exhalar su ultimo aire. Sin embargo, la gloria de Dios siempre estuvo presente. Hubo un momento crítico en el cuarto de la sala de emergencia en el cual noté mi nerviosismo al sentir que mi turrón, Salome, estaba gravemente enferma. Grande es Jehová que en ese momento me cargó en su palma, soplo aliento de confianza en mi corazón, me hizo reposar en su grandeza y deleitarme en su Omnipotencia. “Si Dios es con nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31) ¡Oh, sí mi Dios es Dios y toda rodilla de doblará ante El y jurará que Jesús es Cristo y Salvador Todopoderoso! Mi Jesús me acompañaba y en ese momento supe que Jehová se glorificaría en la pequeña Salome.

Semanas después me enteré que los doctores no se hubiesen sorprendido si Salome hubiese fallecido en los primeros días de su enfermedad. A mi niña la diagnosticaron con meningitis bacterial estreptococos grupo B y su infección fue tan catastrófica que la bacteria también invadió su sangre, llamado sepsis. En cuestión de días casi duplicó de peso, su cuerpecito se hinchó de tal manera que se deformó totalmente. Su cabecita se expandió como una burbujita y sus ojos se sellaron en su gordura temporera. Estaba tan delicada que su corazón solo tambaleaba por la ayuda de tantas medicinas que le inyectaban continuamente y, en su peor momento, cada vez que las enfermeras la movían para pasarle cremita o acomodarle la cabecita le daban convulsiones, que después nos enteramos causó daños cerebrales desastrosos.

Ese cuarto 16 del segundo piso del hospital fue nuestro hogar por varias semanas. Allí mi Señor obro y su Nombre fue glorificado. Ángeles acamparon en las cuatro esquinas y la paz de su trono descansaba junto a mi niña. “Si su diagnóstico es tan detrimental pues entonces su testimonio será poderoso.” Eso le contesté a los neurólogos que con tristeza y dolor nos explicaban, a mi esposo y a mi, que nuestra niña había sufrido danos colosales y que pensaban necesitaría estar entubada para respirar y comer por el resto de su vida. “Algunos padres en su situación deciden apagar el ventilador puesto que piensan que el niño(a) no tendrá calidad de vida,” me decían aturdidos y acongojados.

¡No conocen a mi Jehová! ¡Oh, pero mi Señor es fiel y honra las promesas de Su Palabra Viva! Un jueves me diagnosticaron que mi niña no se levantaría y ese próximo lunes le quitaron el ventilador sin problemas. Siete días después de haberle quitado el ventilador chupó y comió por primera vez desde su enfermedad. Su sanidad ha sido una serie de milagros, un proceso de fe, de ayuno, de oración y de clamor continuo. Son tantas las maravillas y tanto mi gozo que le estoy testificando a todos los que se me paran al lado como una cotorrita que no para de tomar café. “Ay, que linda tu nena,” me dijo una señor que esperaba en fila conmigo por una taza de café. “Gracias. Sabes, ella es un milagro. Dios me la liberó y la ha sanado.” Le hablé a ese señor por casi diez minutos de mi Jehová. Y testificando, así fue que Dios nos llevo a Celebración Hispana a siete días de la beba estar en intensivo.

Aunque había visitado iglesias no había encontrado mi casa de oración y adoración. Dios movió Su mano y mi Yiré proveyó unos pastores llenos de fe y esmerados en su ministerio y una congregación que tengo el absoluto honor de llamar mis hermanos en Cristo. Fue a través de una amiga, que meses atrás había visitado Celebración Hispana, que me contacté con la pastora. “Es una iglesia de las que te gustan, de esas de oración,” me contaba mi amiga. “Divino,” pensé puesto que buscaba el poder de la oración intercesora para no tan solo clamar por la vida de mi beba sino por la total recuperación y restauración de su salud para la gloria del Alpha y el Omega. La oración de la pastora me estremeció, no por su elocuencia o dominio teológico (que por cierto, ella y su esposo el pastor Ernesto tienen) sino por su compasión y verdadero amor al prójimo. Los pastores de Celebración Hispana son dignos de su ministerio, humildes ante su congregación y dedicados a sus propósitos en la tierra. Se esmeran en sus saludos, son gozosos, traen Palabra de restauración para la iglesia y el evangelio a los perdidos. Ellos son soldados en Cristo quienes el Espíritu Santo usa poderosamente para confortar, traer revelación, levantar al aturdido y cargar con la espada de la victoria.

Yo no busqué la iglesia. Dios me la trajo a mi de bendición, por la cual estoy tan agradecida que se me suben las palpitaciones de mi corazón. Al próximo día de haber visitado la iglesia por primera vez, el pastor Ernesto visitó a Salome y, poco a poco, Jehová fue movilizando a sus hijos de Celebración Hispana para visitarnos. Los miembros de Celebración se preocupan por mi familia, se afanan en sus oraciones y ruegos a nuestro Dios por Salome y se desbordan en amor cada vez que nos visitan o nos llaman. “La fe sin obras es fe muerta,” escribió Santiago, uno de mis libros favoritos de la Biblia. Esta iglesia honra el llamado a la compasión y practica el amor en Cristo. ¡La fe y las obras de Celebración están vivas de las corrientes del Espíritu Santo! Yo entro a la iglesia y me siento en familia, como rodeada de primos y tíos. Es verdaderamente un gusto vestirme para adorar al Señor en Celebración y saludar a mis hermanos. ¿Como no voy a amarlos eternamente cuando ellos no han cesado de levantar a Salome en sus oraciones y hasta han ayunado por tres días intercediendo por mi niña, para la gloria del Altísimo?

A los que leen mi testimonio, les exhorto que visiten Celebración. Aquí encontrarás una familia que te ama, te abraza en espíritu y en verdad, festeja tus éxitos y te cobijará en tu necesidad. Aquí te desarrollarás en Dios y aprenderás lo que es disfrutar de la comunidad en Cristo y los misterios de la oración inspirada en el Espíritu Santo. Celebración Hispana ha puesto sus pies sobre la peña de Cristo, camina en Su amor, predica la libertad de su Palabra y te invita a conocer a Jesús íntimamente para ser de bendición a los que te rodean y para recibir las bendiciones que El nos ha prometido. Además, quiero que visites un domingo o miércoles me busques y me saludes para que te presente a mi Salome y veas en sus manitos, en su sonrisa, en su inocencia; verás la misericordia, la justicia y la majestad de nuestro Dios amado que te ama y quiere. Y de la misma manera que El tiene con los que venimos a Celebración, El quiere guardarte en la palma de Su mano y darte Su páz.