Bautismos

BautizadosPor qué debo ser bautizado?

En pocas palabras, los creyentes deben ser bautizados porque Cristo lo manda!

El bautismo simboliza varias verdades espiritualmente profundas. Representa la muerte, sepultura y resurrección, tanto de Jesús como de nosotros.

El verdadero arrepentimiento nos lleva a rendirnos incondicionalmente a la voluntad de Dios. Cuando uno llega a ese punto, el siguiente paso es seguir la exhortación del apóstol Pedro: “. . . bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados . . .” (Hechos 2:38).

Jesús dijo: “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado.” (Mateo 28 :19-20) En el bautismo, seguimos el ejemplo de Jesucristo! El Evangelio de Marcos dice:

“En aquel tiempo Jesús vino de Nazaret y fue bautizado por Juan en el río.” Marcos 1:9

Fuimos comprados por un precio!

Antes de ser bautizados, en la Biblia se nos considera como esclavos de nuestra naturaleza pecaminosa. Pero cuando somos bautizados y nuestros pecados son perdonados, Dios nos considera como siervos de justicia. Somos redimidos, liberados de la esclavitud del pecado para venir a ser siervos de la verdadera justicia (Romanos 6:16-19).

Lo que sucede cuando nos bautizamos es, de hecho, un traspaso de propiedad, gracias al cual nuestra vida ahora pertenece a Dios. De ese momento en adelante nos comprometemos a decirle, con nuestras acciones, lo mismo que le dijo Jesús: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).
El apóstol Pablo nos hace notar que este traspaso de derecho tuvo un costo: “[Vosotros] habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:20). Otro de los apóstoles nos aclara cuál fue el precio:

“Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Pedro 1:18-19).